CamiiSanchez

CamiiSanchez en Diario de una ansiosa 07 de Noviembre de 2017

De tristezas y cumpleaños

Hace dos semanas que por una cosa u otra, no puedo ir a la psicóloga. 

Me estoy muriendo de ansiedad. Ironía.

Hoy no tengo alguna anécdota graciosa para contar.

Bueno, si, quizás sirva comentar que le dí un buen susto a mi hermano cuando entraba en mi cuarto. Tendrían que haberlo visto, casi tira el celular por el aire. No le dio un ataque al corazón porque las casualidades evidentemente existen.

En fin. 

Sigo con la ansiedad bastante elevada, a pesar de haber comenzado terapia. Mi marido me dice que estoy reprimiendo algo con todas mis fuerzas y por eso me pasa lo que me pasa.

¿Alguna vez les paso mirar a una persona y creer ver en ella a alguien conocido, pero cuando vuelven a mirar, se dan cuenta que en realidad no es quien creían? Bueno, me sucede muy seguido ultimamente. Y no es placentero, para nada. 

Cada tanto creo ver a mi abuelo en el rostro de alguien más. Durante menos de una milesima de segundo, algo se me suelta en el corazón. Es como si durante ese brevísimo instante, tooooodas las leyes del universo dejasen de existir. La vida y la muerte no tienen el mismo valor y uno puede desafiarlas como le plazca. "Esperanza" creo que le dicen.

Y al instante siguiente, eso mismo que se suelta en mi corazón revienta. Explota con la fuerza de mil bombas atómicas. Rompe todo mi interior, quiebra mi alma. Vuelvo a mirar con la inocencia de un niño pequeño y me doy cuenta que no, no es mi abuelo. Mi abuelo murió. Mi abuelo no está. Mi abuelo se apagó.

Hace días que vengo escondiéndome en mi casa, porque temo verlo en la calle. Temo verlo y volver a creer que en realidad existe la posibilidad de encontrarlo por ahí, comprando el diario, pan o quien sabe, un vino. Porque mi mente sabe que es imposible. Mi cabeza entiende que nunca más voy a ver ese sombrero flotando entre el gentío. Pero mi corazón, que poco entiende de logicas o razones, lo busca constantemente.

De tanto en tanto creo verlo. Hoy por ejemplo. 

Mi marido me pide que llore. Me dice que en algun momento va a dejar de doler tan crudamente. Me dice y me jura que voy a estar bien. Me cuesta creerle, pero no se lo digo, se que es difícil verme asi, tan rota. Y a ustedes les soy un poco mas honesta.

Igual sonrío. Si, sonrío un montón. Hace unos días mi hijo mayor, que aún no cumplió los tres años, me pidió una "telpi". En su idioma, queria sacarse una selfie. Reitero que aún no tiene los tres años cumplidos. ¿De dónde sacan esas cosas los niños tan pequeños?

Cuando me lo dijo me reí, me reí con mucha fuerza. En momentos como ese, miro a los ojos a ese ser increíble y sé que lo voy a lograr. Voy a atravesar la oscuridad que me intenta envolver.


Ahora si, cambiando un poco el tono depresivo que estoy imprimando en el texto, doy paso al momento ansioso/gracioso que nos toca.

CUMPLEAÑOS.

Noah cumple tres años el 13 de noviembre. No va al jardín aún, lo cual es muy positivo porque no tengo que ampliar mi organización. Entonces me toca decidir qué hacer. 

Siempre me gustaron mis cumpleaños, hasta que mis padres los tornaron insoportables. Pero de chica era el mejor día del año y por eso quiero que para mis hijos sea igual. Quiero dedicarles ese día especial, quiero festejarles la vida, el amor que me dan.

Pero es muuuuuuuuuuuuuuuuy (inserte emoticón con los ojitos mirando hacia arriba) estresante. Recien hace dos o tres días pude elegir entre Paw Patrol, Blaze y los Monster Machines y Cars, y ahora a Noah le gusta Pocoyo. Voy a tener que cortar mi suscripción a netflix si quiero mantener la temática del cumpleaños.

La mesa dulce. La bendita mesa dulce. Se asume q una madre sabe hacer cosas riquisimas. No es que no sepa cocinar, me doy maña. Pero las recetas me quedan visualmente desastrosas. Noah es el único que siempre come todo lo que hago, pero viene el resto de la familia, por ende, tengo una reputación que mantener. No se si hacer cubanitos, cupcakes, porque ahora se hacen cupcakes, los infalibles alfajorcitos de maizena, ¿será mucho? ¿será poco? ¿La torta? ¡LA TORTA! ¿De que hago la torta? 

Fundamental la torta de cumpleaños. El pastel, como le dice Noah. Como mencioné antes, soy bastante mala con esas cosas. No podría intentar hacer un perrito de la patrulla canina y ver que en realidad tengo a un frankenstein amorfo, incompatible con la vida. No puedo presentar algo así. 

Por suerte una buena parte de la mesa dulce está cubierta, gracias a la genia de mi suegra. 

El pánico no es tan grande. Probablemente el mismo día del cumpleaños entre en crisis, pensando en que el cuadro del living no termina de enderezarse, o no tengo preparada una buena decoración. Quizás no inflé suficientes globos, y claro, dejo los pulmones en la cancha cada vez que lo hago. ¿Quien inventó los globos, a ver? ¿Quien fue el torturador al que se le ocurrió que era divertidísimo inflar globos para las fiestas infantiles? Mi odio está contigo, persona horrible.

Lo bueno, voy a comer mucha mezcla de torta. Sí, amo comer torta cruda. ¡Me encanta! 

Una vez me comí una caja entera de exquisita, y ni siquiera le había puesto leche a la mezcla. ¡Solo polvo! Y mi madre jamás se enteró. Hoy, cada vez que cocino algo así, le doy una cucharada del sobrante a Noah. Terrible de mi parte, pero no puedo olvidar lo genial que era comer del pote cuando era mas chica.

En fin. Llega mi lunes 13, y voy a flipar. Mi hijo esta creciendo a pasos agigantados y mis nervios por las diferentes preparaciones y por como quede todo es un reflejo de mi ansiedad por ver a esos dos enanos convertidos en niños felices. En definitiva, es lo único que importa. Porque al final, cuando Noah sopla las velitas y mira a toda la gente que va a festejar con nosotros un año mas de amor por él, veo en sus ojos una felicidad enorme. Y mi alma se tranquiliza. Respiro, respiro profundo y pienso: "Che, no lo estas haciendo tan mal".

Punto para mí. En tu cara, ansiedad.

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